lunes, 9 de marzo de 2026

 

Tres choques simultáneos y un horizonte incierto: la economía peruana frente a su futuro inmediato.



Por: Dr. Augusto Donayre Paiva


La economía mundial atraviesa uno de esos momentos en los que varios factores de riesgo se combinan simultáneamente. No se trata de un solo problema, sino de la convergencia de varios shocks relevantes: el conflicto geopolítico en Medio Oriente entre Israel e Irán, la crisis energética generada por el problema del gas de Camisea en el Perú y la presencia del fenómeno de El Niño costero.

A estos tres factores se suma ahora un cuarto elemento que no puede ser ignorado: la incertidumbre política ante las elecciones que se realizarán el 12 de abril, cuyo resultado podría redefinir el rumbo económico del país.

Cada uno de estos factores, por separado, tendría efectos relevantes. Pero cuando se presentan al mismo tiempo, el impacto puede amplificarse y generar un escenario económico mucho más complejo para los próximos meses.

Un contexto internacional tensionado

El primer elemento es el conflicto entre Israel e Irán. La escalada militar ha generado una reacción inmediata en los mercados internacionales, particularmente en los precios de la energía.

En pocas semanas el precio del petróleo ha pasado aproximadamente de 85 dólares a cerca de 117 dólares por barril, reflejando el temor de los mercados a una interrupción en el suministro energético mundial. No debe olvidarse que una parte significativa del comercio petrolero internacional transita por el estrecho de Ormuz, zona estratégica que podría verse afectada por el conflicto.

Cuando el petróleo sube con rapidez, el impacto no se limita a los países productores. En realidad, el efecto se traslada a toda la economía global mediante mayores costos de transporte, energía y producción. Esto alimenta presiones inflacionarias y genera incertidumbre en los mercados financieros.

En este contexto, los inversionistas buscan activos refugio. Por ello el oro se mantiene en niveles históricamente elevados, impulsado por la incertidumbre geopolítica y las tensiones en los mercados financieros.

Para el Perú, este escenario internacional tiene un doble efecto. Por un lado, el aumento del precio del oro y del cobre fortalece los ingresos por exportaciones, lo cual es positivo para las cuentas externas. Pero al mismo tiempo, el aumento del petróleo presiona los costos internos de transporte, energía y producción.

El shock interno: la crisis del gas de Camisea

El segundo factor crítico es interno. La reciente ruptura del ducto de gas de Camisea ha provocado una crisis energética que evidencia una de las debilidades estructurales del país: la dependencia de una sola infraestructura para el suministro energético.

El gas natural es fundamental para la generación eléctrica, el transporte y múltiples actividades productivas. Si la paralización se prolonga más allá de lo previsto, el impacto podría sentirse en sectores industriales, en la generación eléctrica e incluso en los costos del transporte.

Este tipo de shock no solo afecta la producción sino también las expectativas. Cuando se generan problemas energéticos, las empresas enfrentan mayores costos y retrasos productivos, lo cual se traduce en menor inversión y menor crecimiento económico.

El factor climático: El Niño costero

El tercer elemento es el fenómeno de El Niño costero. Aunque las proyecciones apuntan a una intensidad moderada, sus efectos pueden ser significativos en determinadas regiones del país.

Los sectores más vulnerables son la agricultura, el transporte, el comercio y la infraestructura. Las lluvias intensas o las interrupciones logísticas pueden afectar la producción agrícola, encarecer alimentos y generar pérdidas económicas en varias regiones del país.

El Perú ya ha experimentado en el pasado cómo los fenómenos climáticos pueden afectar el crecimiento económico en periodos relativamente cortos.

El factor político: elecciones e incertidumbre

A estos tres factores se suma un cuarto elemento que no debe subestimarse: la incertidumbre política.

El país se dirige a elecciones el 12 de abril, y como ocurre en todo proceso electoral, los mercados observan con atención el perfil económico de quienes podrían asumir el gobierno.

El impacto económico dependerá en gran medida de la orientación de la futura administración. Si el resultado electoral genera confianza en la estabilidad macroeconómica, en el respeto a las reglas de mercado y en la promoción de la inversión privada, los mercados podrían reaccionar positivamente.

Pero si el resultado genera incertidumbre sobre el rumbo económico, podrían producirse presiones en variables sensibles como el tipo de cambio, la inversión privada y las expectativas empresariales.

Actualmente el tipo de cambio se mantiene alrededor de 3.49 soles por dólar, un nivel relativamente estable, pero que podría experimentar volatilidad si el escenario político se vuelve más incierto.

Pronóstico moderado para los próximos 90 días

Considerando todos estos factores, el escenario para los próximos tres meses puede resumirse en algunas tendencias principales.

Primero, es probable que la economía peruana experimente un periodo de mayor volatilidad en los mercados financieros y en el tipo de cambio.

Segundo, el crecimiento económico podría mostrar una desaceleración temporal, debido a la combinación de factores externos, energéticos, climáticos y políticos.

Tercero, podrían aparecer presiones inflacionarias moderadas, impulsadas principalmente por el incremento del precio del petróleo y posibles alteraciones en la producción agrícola.

Sin embargo, también existe un factor que juega a favor del país: los altos precios del oro y del cobre, que siguen siendo dos de los principales motores de las exportaciones peruanas.

Reflexión final

La economía peruana enfrenta hoy una prueba compleja. No se trata de un solo problema, sino de la coincidencia de varios factores críticos que están alterando el escenario económico.

Conflictos internacionales, problemas energéticos internos, riesgos climáticos y un proceso electoral cercano conforman un entorno de elevada incertidumbre.

Los próximos 90 días serán decisivos para determinar si estos factores se estabilizan o si, por el contrario, generan una presión mayor sobre la economía.

En economía, muchas veces los países no pueden evitar los shocks externos. Pero sí pueden fortalecer sus instituciones y su capacidad de reacción para enfrentarlos.

Ese será, probablemente, el verdadero desafío para el Perú en los meses que vienen.

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