La urgencia de cerrar la brecha de infraestructura en el Perú: una tarea impostergable.
La brecha de infraestructura en el Perú, que actualmente supera los 160 mil millones de dólares, no es una simple cifra técnica: es el reflejo más palpable de nuestras carencias estructurales como país. Es la distancia literal y figurada entre el Perú que aspiramos y el Perú que hoy tenemos. Es, además, una barrera silenciosa que impide el crecimiento sostenido, reduce la competitividad y profundiza la desigualdad social.
¿Dónde están nuestras mayores urgencias?
El transporte, por ejemplo, concentra más de US$ 57 mil millones en necesidades no cubiertas. Y no es para menos: más del 30% de nuestras vías nacionales están en mal estado, y aún existen regiones prácticamente desconectadas del resto del país. En agua y saneamiento, la cifra supera los US$ 23 mil millones, mientras millones de peruanos aún carecen de acceso a servicios básicos. ¿Cómo hablar de inclusión o desarrollo si no cubrimos ni siquiera estas necesidades fundamentales?
Otros sectores críticos como salud y educación requieren inversiones por más de US$ 30 mil millones, lo que se traduce en hospitales colapsados, escuelas precarias y poblaciones enteras sin servicios dignos. En pleno siglo XXI, esto no solo es inaceptable, es ineficiente y costoso en términos de desarrollo humano.
Una cartera ambiciosa, pero aún distante
ProInversión ha identificado más de US$ 100 mil millones en proyectos por desarrollar. La buena noticia es que existe una planificación clara; la mala, es que la ejecución real es lenta y, muchas veces, ineficaz. El caso del Metro de Lima (líneas 3 y 4), el Tren de la Costa, el Anillo Vial Periférico o el Ferrocarril Lima–Ica, son emblemáticos por su potencial, pero también por sus postergaciones.
¿Qué nos detiene?
La experiencia me indica que hay cuatro obstáculos estructurales que seguimos sin resolver:
-
La excesiva tramitología, que mata la inversión antes de nacer.
-
La débil articulación entre niveles de gobierno, donde el centralismo y la falta de capacidades regionales crean cuellos de botella.
-
El subaprovechamiento de herramientas como las APP y las OxI, cuya aplicación debería profesionalizarse y agilizarse.
-
Una falta de visión de país a largo plazo, que impide priorizar lo verdaderamente urgente sobre lo coyuntural o político.
¿Qué podemos hacer?
Desde mi perspectiva, se requiere una reforma estructural en la gestión de proyectos públicos. Propongo:
-
Una ley de emergencia en infraestructura priorizada, con procedimientos especiales, auditoría permanente y enfoque técnico.
-
Capacitación especializada para funcionarios regionales y locales en gestión de inversiones.
-
Incentivos reales a la inversión privada y a los mecanismos de cofinanciamiento mixto, incluyendo nuevos modelos de gestión empresarial pública.
-
Y, sobre todo, un compromiso político (Liderazgo) que trascienda los periodos de gobierno. Infraestructura no puede depender del calendario electoral.
Conclusión
La infraestructura no es solo cemento, fierro y concreto. Es salud, educación, conectividad, eficiencia logística y, sobre todo, oportunidades para millones de peruanos. Si no la atendemos hoy, el costo que pagaremos mañana será mucho más alto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario