Desigualdad y Exclusión: La historia de siempre.
Por: Dr. Augusto Donayre Paiva
Como estudioso y preocupado de la Inclusión financiera y la pobreza en el Perú, estuve revisando el libro Historia de la Desigualdad en el Perú, que además de ilustrativo encierra aspectos muy interesantes sobre la verdadera causa de tanta desigualdad en nuestro país esencialmente en los últimos cinco siglos.
Este artículo examina la obra de los historiadores Antonio Zapata y Rolando Rojas, ¿Desiguales desde siempre?, enfocándose en su análisis de la exclusión social en el Perú desde una perspectiva histórica. La exclusión es presentada no solo como una consecuencia económica, sino como una construcción ideológica y política reproducida desde el periodo colonial hasta el siglo XX. A través del estudio de los discursos racistas, la cultura política criolla y el uso instrumental del liberalismo, los autores revelan cómo las élites han sostenido un orden social excluyente. Esta revisión permite repensar la desigualdad desde un enfoque estructural, histórico y simbólico.
Introducción
La exclusión ha sido una constante en la historia del Perú, articulada desde discursos que han naturalizado la jerarquía social y han delimitado quiénes pueden acceder a derechos, poder y reconocimiento. En ¿Desiguales desde siempre?, Zapata y Rojas ofrecen una lectura que permite entender la exclusión como una dimensión fundacional del orden social peruano. Su enfoque no se limita al ámbito económico, sino que examina cómo el pensamiento, las leyes y las prácticas cotidianas han reforzado la marginalización de grandes sectores de la población. Este artículo amplía el análisis de dicha propuesta, focalizando especialmente en las formas de exclusión que han operado históricamente en el país.
1. La exclusión como proyecto colonial
Durante el periodo virreinal, la dominación española se impuso mediante una lógica de exclusión religiosa, jurídica y cultural. Los pueblos originarios fueron colocados en una posición subordinada, no solo económica, sino también simbólica. Se les negó la ciudadanía y el acceso pleno al aparato estatal. El indígena era considerado "súbdito", pero no sujeto de derechos, lo que permitió su utilización como fuerza de trabajo sin posibilidad de integración. Esta marginación se institucionalizó a través de sistemas como la encomienda, la mita y el tributo.
2. El racismo como tecnología de exclusión
Los autores destacan cómo el racismo fue mutando según las necesidades del sistema social. En el siglo XIX, bajo la influencia del positivismo europeo, se articuló una narrativa racial "científica" que establecía una jerarquía entre los grupos étnicos. Esta lógica sirvió para justificar el rol dominante del criollo blanco y limitar la participación política y económica de los indígenas, afrodescendientes y mestizos. La educación, por ejemplo, se convirtió en un filtro de exclusión que solo reforzaba los privilegios de una élite instruida.
3. El liberalismo como ideología excluyente
La obra también revela cómo, en la transición a la república, el discurso liberal fue apropiado por las élites criollas para consolidar su poder. Aunque se proclamaron principios de igualdad ante la ley, en la práctica, los nuevos derechos solo se aplicaron a quienes cumplían con ciertas condiciones de "civilidad", como la propiedad, el alfabetismo o la profesión. Este liberalismo criollo, lejos de democratizar la sociedad, operó como un mecanismo de exclusión sofisticado, sustentado en la meritocracia selectiva.
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