lunes, 23 de febrero de 2026

 

Del atraso digital a la estrategia nacional: lo que el Perú aún no entiende sobre innovación




Por: Dr. Augusto Donayre Paiva

Hace unos días asistí a una conferencia del Dr. Ernesto Cuadros Vargas sobre ciencias de la computación y el rezago estructural en el que se encuentra el Perú en esta materia. Evento organizado por la Facultad de Administracion y Recursos Humanos de la USMP. La exposición fue clara, técnica y, al mismo tiempo, preocupante: el país no ha logrado consolidar una política estratégica coherente en ciencia, tecnología e innovación.

Y cuando uno analiza el escenario global, la brecha se vuelve aún más evidente.

El mundo ya decidió: la IA es política de Estado

Hoy los líderes en inteligencia artificial son Estados Unidos y China, con inversiones públicas y privadas que se cuentan en cientos de miles de millones de dólares. La IA no es un proyecto académico; es una estrategia geopolítica, económica y de seguridad nacional.

Europa también avanza con fuerza, y países como el Reino Unido e India han desarrollado ecosistemas robustos de investigación y emprendimiento tecnológico.

Pero hay un caso particularmente ilustrativo para el Perú: Estonia.

Estonia: el poder de la planificación estratégica

Estonia no es una potencia económica ni militar. Tiene apenas 1.3 millones de habitantes y escasos recursos naturales. Sin embargo, decidió hace más de tres décadas convertirse en un Estado digital.

Hoy:

  • El 99% de sus servicios públicos están digitalizados.

  • La identidad digital es obligatoria y permite firmar documentos, pagar impuestos y votar en línea.

  • Su sistema de interoperabilidad estatal (X-Road) conecta todas las bases de datos públicas.

  • Cuenta con un programa de residencia digital que permite crear empresas desde cualquier parte del mundo.

Esto no ocurrió por casualidad. Fue el resultado de un plan estratégico de largo plazo, sostenido por distintos gobiernos y blindado como política de Estado.

Estonia entendió algo que el Perú aún no internaliza:
la transformación digital no es tecnología, es estrategia nacional.

La brecha en cifras: cuando la comparación es objetiva

Si analizamos la inversión en investigación y desarrollo (I+D) como porcentaje del PBI, la diferencia es contundente:

  • Estados Unidos invierte alrededor de 3% del PBI en I+D.

  • China supera el 2.4% del PBI.

  • Estonia bordea el 1.7% del PBI.

  • El Perú invierte aproximadamente 0.15% del PBI. (Banco Mundial).

Es decir, el Perú invierte casi veinte veces menos que las economías líderes en innovación.

No se trata solo de voluntad política discursiva. Se trata de asignación presupuestal sostenida, planificación multianual y métricas claras de desempeño.

Los países que lideran la IA no improvisan. Programan. Ejecutan. Evalúan. Ajustan. (Plan estratégico).

El problema peruano no es técnico, es estratégico

En el Perú existen esfuerzos aislados. Existe marco legal para la inteligencia artificial. Existen universidades que forman talento. Existen foros y discursos sobre innovación.

Pero lo que no existe es:

  • Continuidad política.

  • Coordinación interinstitucional.

  • Presupuesto significativo en I+D.

  • Metas medibles con evaluación permanente.

  • Articulación real entre academia, empresa y Estado.

Seguimos improvisando. Y en ciencia y tecnología, la improvisación se paga con décadas de atraso.

Desde la teoría del planeamiento estratégico ya lo señalaba Michael Porter, la ventaja competitiva de una nación depende de su capacidad para crear y sostener ventajas basadas en productividad e innovación. No basta con recursos naturales; se requiere sofisticación tecnológica e institucional.

Asimismo, la visión de Peter Drucker sobre la sociedad del conocimiento es hoy más vigente que nunca: el activo principal de las naciones es el conocimiento aplicado.

El Perú todavía no ha internalizado plenamente esa transición.

Planeamiento estratégico: la pieza ausente

Aquí conecto con el punto más importante que se tocó en la conferencia: el Perú carece de un verdadero planeamiento estratégico como país.

Tenemos planes.
Tenemos documentos.
Tenemos visiones al 2050.

Pero no tenemos ejecución sistemática ni disciplina institucional.

El planeamiento estratégico nacional debería:

  1. Definir sectores prioritarios (IA, biotecnología, energías limpias, minería inteligente).

  2. Asignar presupuestos multianuales sostenidos.

  3. Medir resultados con indicadores concretos.

  4. Blindar las políticas tecnológicas frente a cambios políticos.

  5. Incentivar inversión privada con beneficios fiscales reales.

  6. Lucha frontal contra un sistema judicial, lento, impredecible y corrupto.

Sin estos componentes, los planes se convierten en declaraciones retóricas.

¿Qué podemos hacer hacia el futuro?

Si el Perú quiere cerrar la brecha tecnológica y generar bienestar sostenible, necesita:

  • Elevar la inversión en ciencia y tecnología al menos a 1% del PBI en el mediano plazo.

  • Reformar la educación universitaria en ciencias de la computación con estándares internacionales.

  • Crear centros de supercomputación y laboratorios de IA aplicados a problemas reales (salud, agricultura, logística, servicios públicos).

  • Integrar al sector privado en proyectos de innovación con incentivos tributarios efectivos.

  • Medir anualmente resultados con indicadores comparables internacionalmente.

No se trata de copiar modelos. Se trata de adaptar buenas prácticas a nuestra realidad institucional.

El costo de seguir postergando

La conferencia del Dr. Cuadros no fue solo una advertencia técnica; fue un llamado estratégico.

Mientras el mundo compite por liderazgo en inteligencia artificial, el Perú sigue debatiendo lo evidente. Mientras países pequeños como Estonia diseñan su futuro digital con disciplina y coherencia, nosotros seguimos atrapados en la discontinuidad.

El problema no es falta de talento.
El problema no es falta de recursos.
El problema es falta de visión estratégica sostenida.

Y la historia económica es clara: los países que no invierten en conocimiento terminan dependiendo eternamente de materias primas.

Si el Perú no convierte la ciencia, la tecnología y la innovación en política de Estado real con presupuesto, métricas y continuidad seguiremos observando el desarrollo desde la tribuna.

El siglo XXI no espera.
Y el desarrollo tampoco.