jueves, 28 de agosto de 2025

 El extraño caso del Perú: un país que crece mientras se cae.





Por Dr. Augusto Donayre Paiva

El Perú se ha convertido en un fenómeno económico que despierta admiración y desconcierto a la vez. Por un lado, los números macro hablan de estabilidad: inflación controlada en torno a un rango entre 1% y 3%, tipo de cambio estable gracias a las Reservas Internacionales Netas que superan los 80 mil millones de dólares, un PBI que, pese a la pandemia y a la inestabilidad política, mantiene un crecimiento promedio positivo, entre 2.5% y 4% anual 2025, y una balanza comercial con superávit por las exportaciones mineras y agroindustriales.

En resumen, los economistas extranjeros y los organismos internacionales suelen poner al Perú como ejemplo de disciplina fiscal y prudencia monetaria. Pero mientras esos aplausos suenan en Washington, en las calles de Lima y las regiones la realidad es otra: pobreza que ha vuelto a bordear el 30% según INEI, anemia infantil que afecta al 40% de los niños, mas de 3 millones de peruanos sin agua, informalidad laboral que supera el 70%, corrupción que corroe gobiernos enteros y una delincuencia que se ha convertido en el nuevo “impuesto” que pagan los peruanos.

¿Cómo entender esta paradoja de un país que “hace bien” su tarea macroeconómica y, al mismo tiempo, fracasa en lo social y en lo político?


Estabilidad macro: el orgullo de tecnócratas y banqueros

La historia reciente muestra que desde los noventa se construyó un marco institucional sólido en materia económica: independencia del Banco Central de Reserva, una política fiscal ortodoxa y la apertura comercial que convirtió al Perú en exportador estrella de minerales, uvas, arándanos y paltas.

Los logros son indiscutibles:

  • Inflación baja y estable, en contraste con Argentina o Venezuela.

  • Reservas internacionales que actúan como escudo.

  • Crecimiento sostenido en las últimas tres décadas (el doble del promedio latinoamericano entre 2000 y 2019).

  • Balanza comercial favorable gracias al boom de commodities y la diversificación agroexportadora.

Todo esto es reconocido por el FMI, la CEPAL y los mercados internacionales. Pero, aquí está la trampa, esos logros no se sienten en los hogares.


La otra cara: un Estado que no llega

Mientras los tecnócratas celebran, la vida cotidiana de millones de peruanos cuenta otra historia:

  • La pobreza monetaria aumentó tras la pandemia y el rebote aún no es suficiente.

  • La anemia infantil es una tragedia silenciosa que compromete el futuro del capital humano.

  • La informalidad laboral mantiene a siete de cada diez trabajadores sin seguridad social ni derechos básicos.

  • El Estado, pese a tener recursos, no ejecuta más del 30% de su presupuesto de inversión en regiones.

El exministro Waldo Mendoza lo resumió con claridad: “Tenemos un MEF y un BCR que hacen la tarea, pero un Estado que no funciona”.


Las razones del contraste

Este dilema no es casual, tiene raíces profundas:

  1. Modelo primario-exportador: dependemos de minerales y agroexportaciones, sectores de alta productividad pero poco encadenamiento con el resto de la economía.

  2. Desigualdad territorial: mientras Lima concentra riqueza y servicios, las regiones rurales siguen con carencias básicas.

  3. Crisis política crónica: seis presidentes en siete años. Un Congreso fragmentado e impopular. Políticos más preocupados en sobrevivir que en gobernar.

  4. Cultura de la informalidad: el peruano resuelve por fuera del Estado, con creatividad y desconfianza hacia la ley. Hernando de Soto ya lo señalaba en El otro sendero: la informalidad es motor y lastre a la vez.


Una idiosincrasia que explica la resistencia

El Perú se cae, pero no se hunde. Ese es quizá el rasgo más peculiar de nuestra historia económica. La resiliencia del peruano es admirable: cuando el Estado no llega, la gente inventa negocios, multiplica emprendimientos y recurre a la informalidad como mecanismo de sobrevivencia.

Richard Webb lo planteó en Conexión y despegue rural: el desarrollo peruano ocurre muchas veces a espaldas del Estado. Y Carlos Meléndez lo complementa desde la política: la ausencia de partidos sólidos convierte al sistema en un mercado de favores, no en un espacio de reformas.

El resultado: un país que avanza a pesar de sus gobernantes.

Gran reto para los candidatos a la Presidencia 2026, necesitamos una nueva generación de lideres comprometidos con los intereses de todos los peruanos.


Fuentes y referencias:

  • INEI, Informe Técnico de Pobreza 2024.

  • BCRP, Reporte de Inflación, junio 2025.

  • CEPAL, Panorama Social de América Latina 2024.

  • Webb, R. (2006). Conexión y despegue rural.

  • De Soto, H. (1986). El otro sendero.

  • Meléndez, C. (2012). El mal menor.

  • Mendoza, W. (2021). Macroeconomía peruana: estabilidad y fragilidad.

viernes, 22 de agosto de 2025

 

Las altas tasas hipotecarias desincentivan demanda: Curva Soberana.





Por: Dr. Augusto Donayre Paiva


Bajo la lógica financiera, cuando el BCRP baja su tasa de referencia, los créditos deberían abaratarse. Sin embargo, en Perú, esto no sucede de inmediato, especialmente en hipotecas. El resultado: tasas hipotecarias aún altas que ahogan la demanda de viviendas. Veamos por qué, con cifras concretas.

Tasa de referencia BCRP vs. Tasas hipotecarias

  • El BCRP ha recortado la tasa de referencia de 7,75 % (enero 2023) a 4,5 % (mayo 2025).

  • En cambio, las tasas hipotecarias apenas han disminuido: se sitúan en torno al 7,8 % promedio en abril de 2025, el nivel más bajo desde mayo de 2022.

  • La SBS reporta una tasa aún menor, de 7,4 % promedio en el primer trimestre de 2025, señalando cierta estabilización. Aunque la tasa del BCRP ya está muy baja, las tasas hipotecarias se resisten a caer en la misma medida o con la misma velocidad.

¿Qué motiva esa lentitud o resistencia?

  1. Curva soberana de largo plazo aún elevada

    • Los bonos soberanos son títulos de deuda emitidos por el Estado peruano para financiar sus necesidades fiscales.

    • Cada bono tiene un plazo (2, 5, 10, 20 años, etc.) y una tasa de rendimiento que refleja la percepción de riesgo país, la inflación esperada y las condiciones de liquidez.

    • El bono peruano a 10 años pasó de rendir 7,72 % (marzo 2023) a 6,60 % (abril 2025).

    • Aunque hubo una baja, sigue siendo una referencia alta para préstamos extendidos como hipotecas.

  2. Factores que mantienen el riesgo y las primas elevadas

    • Inflación, aunque esta por los 1.69% sigue siendo un riesgo que puede resurgir.

    • Inestabilidad política y el clima pre-electoral afectan la percepción del futuro económico.

    • Riesgo cliente: en una economía con alta informalidad laboral y empresas de subsistencia, los bancos exigen márgenes más elevados.

    • Estas primas se incorporan en las tasas finales, amortiguando el impacto de la baja.

  3. Créditos a largo plazo vs. tasa de corto plazo

    • La tasa del BCRP impacta créditos interbancarios de corto plazo.

    • Las hipotecas, al ser a 15–20 años, se fijan más por lo que cuesta financiar en el largo plazo, (la curva soberana).

¿Cómo afecta esto a la demanda de viviendas?

  • Accesibilidad reducida: Tasas hipotecarias aún altas limitan el acceso a financiamiento, desalentando a nuevos compradores.

  • Desfase con la demanda: A pesar de una leve recuperación, el mercado inmobiliario no despega como debería:

    • En abril 2025, el crédito hipotecario creció solo 5,9 % interanual (Construtyendo.pe).

    • La compraventa de viviendas se ha recuperado, pero en niveles moderados (BCR).

  • Segmentación del crecimiento: El dinamismo se concentra en préstamos mayores (S/150,000–450,000), mientras que el segmento más modesto sigue rezagado.

  • Clientes renuevan créditos: Se observa un aumento en las operaciones de recompra de hipotecas en busca de mejores condiciones. (BCR).


En resumen 

Ni el BCRP ni el mercado inmobiliario están alineados. Mientras que el primero recorta agresivamente su tasa, el segundo tarda en reflejarlo. El crédito hipotecario sigue encarecido por la curva soberana, riesgos percibidos y lenta reacción bancaria.

El mensaje es claro: las altas tasas hipotecarias siguen reprimiendo la demanda de viviendas. Solo cuando los costos del dinero, especialmente en el largo plazo, bajen sostenidamente, veremos un crecimiento real, inclusivo y vigoroso del sector. Y para eso, necesitamos algo más que una tasa de referencia baja: necesitamos economía estable, política predecible y confianza renovada.